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ASIMO (¿¿¿Así Se Interactúa con los Músicos de la Orquesta???) dirigió el pasado martes a la Orquesta Filarmónica de Detroit en su interpretación de la obra "The Impossible Dream". Hay que reconocer que esta especie de Robocop chiquitito tiene su gracia, pero sospecho que para dirigir una orquesta hace falta algo más que ser gracioso.

Cuando todo alrededor se tiñe de negro, unas manos blancas dan luz al paisaje.

La lune blancheluit dans les bois.De chaque branchepart une voixsous la ramée.O bien aimé[e].... L'étang reflète,profond miroir,la silhouettedu saule noiroù le vent pleure.Rêvons, c'est l'heure. Un vaste et tendreapaisementsemble descendredu firmamentque l'astre irise.C'est l'heure exquise! Poema de Paul Verlaine
Música de Reynaldo Hahn


¿Es real lo que uno siente cuando imagina? ¿Es el soñar un camino sin retorno que te impide vivir con los pies en el suelo? ¿Te impide la fantasía ver la crudeza del mundo circundante? ¿Es el jardín de la fantasía, por lo tanto, un mundo de mentirijilla? No lo sé, al fin y al cabo sólo soy una simple flor. Sin embargo, no quiero que el jardín de mi fantasía se marchite para siempre y no quiero perder NUNCA la capacidad de asombrarme, de imaginar, de emocionarme, de soñar...

"We will remember not the words of our enemies, but the silence of our friends."
Martin Luther King, Jr.

"-Para volar tan rápido como el pensamiento y a cualquier sitio que exista -dijo-, debes empezar por saber que ya has llegado..."
(Juan Salvador Gaviota, un relato de Richard Bach)
Todo empezó ayer. Revolviendo entre mis archivos encontré una vieja fotografía en blanco y negro. Allí, al otro lado, había una mirada enigmática atrapada en un pedazo de papel. Desde la estantería el lomo de un libro, también negro y blanco, aunque con una pizquita de amarillo, me llamó. Una gaviota rebelde de mirada también enigmática me observaba sin hablarme mientras jugaba a aprender a volar. La acompañé en su vuelo y me conmovió como hace años, muchos años atrás, ya lo había hecho.

Me encanta que me mires con la sonrisa dibujada en el rostro. No tienes boca, pero aún así me sonríes. Sonríes cuando me miras, y mis ojos, a su vez, te devuelven una sonrisa agradecida.
Gracias, girasol, por contagiarme la sonrisa.
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Defender la alegría
Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.
Mario Benedetti

Era una estrella pequeña, de esas que quieren pasar desapercibidas, pero destacaba, aún sin pretenderlo, por su destello. Irradiaba una lucecita vivaracha, burbujeante a veces y que chisporroteaba otras. Una luz, en definitiva, que no dejaba indiferentes ni siquiera a las flores que la contemplábamos desde la distancia. Era chiquita pero muy hermosa, y adornaba ese pedacito de cielo que cuando las nubes son generosas y se retiran un poco, me permiten admirar desde mi estanque.
Sin embargo hoy su luz ya no está en el firmamento y la noche se ha vuelto más oscura. Se ha apagado de repente, sin hacer ruido, dejando el corazón de sus hermanas y el de este nenúfar totalmente destrozado. El viento se ha tornado también más frío y ulula entre los esqueletos de los árboles, que a su vez se han vuelto más negros, como si estuviesen frunciendo el ceño. La estrellita se ha apagado y ya no nos podrá regalar la leve caricia de su luz. Y yo me pregunto: ¿a dónde van las estrellas cuando se apagan definitivamente?
Es probable que permanezcan en el cielo, en forma de polvo de estrellas, y que ayuden al resto de sus hermanas a seguir brillando con más fuerza. Pero, aquí, desde el estanque, el cielo se me sigue antojando un poquito más oscuro y un mucho más triste.
Tal vez la lluvia, uno de estos días, me traiga como regalo un pedacito de polvo de estrellas.

Cuando la luz del día deja al descubierto los esqueletos de los árboles, el bosque enmudece. Cuando el bosque enmudece, el último pájaro tirita y alza el vuelo. Cuando el último pájaro alza el vuelo, este nenúfar suspira sobrecogido y mira su propio reflejo en el estanque. Cuando este nenúfar mira su propio reflejo en el estanque, sólo alcanza a ver la tristeza de los esqueletos de los árboles en un bosque enmudecido.

Todos tenemos un enigma
y como es lógico ignoramos
cuál es su clave su sigilo
rozamos los alrededores
coleccionamos los despojos
nos extraviamos en los ecos
y lo perdemos en el sueño
justo cuando iba a descifrarse
y vos también tenés el tuyo
un enigma tan sencillo
que los postigos no lo ocultan
ni lo descartan los presagios
está en tus ojos y los cierras
está en tus manos y las quitas
está en tus pechos y los cubres
está en mi enigma y lo abandonas
Mario Benedetti

Algo ha cambiado. Ayer abrí los ojos y se me llenaron de una luz nueva. Mi pedacito de cielo ya no lo enmarcaba únicamente un abanico de verdes. Junto a estos había además una cascada interminable de tonos ocres, rojos, marrones y amarillos.
Y, de repente, me di cuenta de que había llegado en silencio, como siempre, mi amigo Otoño. Todos los años me trae como regalo una explosión de color maravillosa y la música de miles de hojas secas que se arremolinan y bailan con el viento. El sol, envidioso, también quiere participar de la belleza del bosque hechizado y se adentra, discreto, con unos rayos que tratan de acariciar dulcemente la alfombra multicolor que lo cubre todo.
Gracias, amigo, por tus regalos. Me encanta tu compañía y te echaré de menos cuando vuelvas a partir y yo, al abrir los ojos, me encuentre sólo con la compañía de los esqueletos de los árboles.

“Who’s got the power?”- preguntaba Monocamy en uno de sus posts. El poder, tal vez, lo tiene aquel que pretende salvarse. Y yo me pregunto: ¿salvarse de qué?, ¿salvarse por qué?, ¿salvarse cómo? Algunos pretenden salvarse de la VIDA, salvarse porque esperan ALGO mejor, salvarse vistiendo una CORAZA.
Una postura, a todas luces, muy racional y que seguramente les reconforta, al tiempo que les aporta equilibrio y paz interior. Puede que sea una osadía renunciar a la coraza, pero ¿de qué le serviría la coraza a un nenúfar? Está claro que se hundiría hasta el fondo sin remedio y se quedaría allí para siempre. Por otro lado, es evidente que el habitar cualquier lugar, incluso un pequeño y remoto estanque, con los pétalos al desnudo aumentaría considerablemente su vulnerabilidad. Difícil elección.
De todos modos, hay seres excepcionales, audaces, intrépidos, osados en extremo, de esos que se atreven a pasearse por la vida con el corazón a pelo y que son capaces de elegir sin pensarlo siquiera un segundo. Don Mario, quién si no.
NO TE SALVES
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un lugar tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

No se puede ver la luz si no se ha visto la oscuridad.
No se puede escuchar el sonido si no se ha escuchado antes el silencio.
No se puede percibir el calor si nunca se ha percibido el frío.
¿Se puede acaso sentir la felicidad si no se conoce la tristeza?
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